Aquí vemos una foto ,
pero más que una foto
es verdaderamente un juicio.
¿En qué momento
dejamos de mirarnos
para empezar a corregirnos?
No nacimos viéndonos en un espejo,
buscando nuestros defectos,
ni comparándonos con otros.
No nacimos sintiéndonos insuficientes.
Soy médico dermatóloga
con más de 30 años de experiencia.
Aunque mi especialidad básica es la
dermatología.
Me especialicé en dermatología cosmética
y he visto cómo ha cambiado esa
especialidad
a lo largo del tiempo
y cómo en los últimos años
se ha transformado
y ha corrido de una manera galopante.
He visto cómo ha cambiado la percepción
de la belleza.
He visto como
esta especialidad ha crecido en nuevas
técnicas,
en nuevos recursos
y nos estamos viendo frente a una
situación
que hemos llamado
violencia.
estética.
Es una violencia que no golpea,
que no deja moretones, que no grita,
pero es esa presión constante por
cumplir con los cánones de belleza.
No deja moretones,
pero sí deja huellas muy profundas.
en la autoestima,
en la identidad,
en el valor propio de las personas.
He visto a lo largo de todos estos años
y de miles de pacientes
atendidos,
cómo sus requerimientos han cambiado.
Antes hacíamos cosas para mejorar la
apariencia de los pacientes, mejorar la
piel, mejorar alguna condición,
pero cada día
nos hemos vuelto más exigentes
y de mejorar hemos pasado a perfeccionar
y a perfeccionar de tal forma que
queremos transformarnos
hasta no reconocernos.
En el 2020 todo cambió.
Recuerdo que a raíz del cierre del
confinamiento,
estando en mi casa, pensé,
"¿Y ahora
qué voy a hacer?
Tengo que reinventarme
porque
pensé ya la cosmética no va a ser lo más
importante.
Ante lo que estábamos viviendo, la
incertidumbre que teníamos en el
panorama mundial, no sabíamos lo que iba
a pasar.
Y yo, sorpresa,
pocos días después
recibí la llamada de una paciente que me
dice, "Necesito que me veas." ¿Sí o sí?
Dime qué tengo que hacer para que me
veas. Yo un poco asustada le dije,
"Déjame ver cómo me organizo."
A los dos días, cual astronauta,
cubierta de pies a cabeza, fui a verla a
la clínica
y cuando llegó me dijo, "Estoy
trabajando remoto
y no soporto verme en la cámara.
arréglame todo.
La evalué
y lo que entendí que en su momento iba a
mejorar su situación, lo hicimos,
trabajamos, lo que para ella en ese
momento era su realidad absoluta.
A partir del 2020 empezamos a tener
horas frente a un Zoom.
en un zoom que nos veíamos
y en que empezamos a cambiar la
percepción de nosotros mismos,
porque empezamos a vernos, a ver nuestro
rostro frente a una cámara que nos
desfigura, que nos distorsiona,
empezamos a compararnos
con los demás que estaban en esa
reunión.
En ese momento
empezamos a ver esos defectos mínimos
en los que no reparábamos.
[carraspeo]
empezamos a ver una manchita, una
arruga, una simetría y empezamos a
querer cambiar todo eso para mejorar
nuestro aspecto.
Esa dismorfia que produce el zoom, y así
se ha llamado,
elevó
en más de un 40%
los procedimientos estéticos
realizados.
A raíz de la pandemia,
ya para el 2023
se habían realizado
más de 34 millones
de intervenciones
y procedimientos estéticos, quirúrgicos
y no quirúrgicos,
por ejemplo, el bótox,
los rellenos,
se incrementaron en su uso en más de un
57%.
En ese momento
empezamos a ver una versión filtrada
de nuestra piel. Empezamos a compararnos
con ideales reales
porque vemos en otras personas lo que
queremos para nosotros, pero no se nos
está mostrando de una manera real,
auténtica.
La violencia estética
no grita,
pero la violencia estética te susurra
y te dice, "No estás listo,
no eres suficiente,
tienes que cambiar
dentro de nuestra especialidad.
Trabajamos con los pacientes no
solamente para mejorar sus rostros.
Nuestra gran responsabilidad
y nuestro mayor trabajo
es no distorsionar identidades.
A veces
el acto médico más ético
es decir no.
Y me viene a la mente
Sofía,
una chica literalmente bella de unos 20
años,
que llega a la consulta y me dice,
"Doctora, quiero que me ayude. Quiero
aumentar el volumen de mis labios,
quiero mejorar el perfil de mi nariz y
me quiero hacer varias cositas.
Y yo la miro y le digo, "¿Y por qué
me tocó? Me tomó mucho tiempo
hablar con ella, convencerla y hacerle
saber que ella no necesitaba nada de
eso,
que su verdadera belleza
estaba en la frescura de su juventud.
Después de hablar, mejoramos
el glow de su piel, trabajamos un poco
para mejorar el aspecto sin necesidad de
una intervención invasiva a esa edad.
Porque
es importante saber
que no todo lo que puede corregirse
necesita ser corregido.
La dermatología consciente
no crea inseguridad.
No impone estándares, da opciones,
no crea inseguridad, da confianza,
no uniforma,
individualiza los pacientes. Cada
persona tiene sus rasgos característicos
y es importante
que sepas reconocerte a ti misma y que
siempre seas tú.
La verdadera evolución
no está en cambiar la piel.
Si me pueden pasar un video
que encontré ayer en las redes de una
influencer dominicana Yandra Fermín,
que me
me hizo entender de una de una manera
muy llana
lo que verdaderamente les quiero
explicar en esta tarde.
De cuerpo estás bien. Ay, pero [música]
tú tienes los buches caído.
Alguien me dejó este comentario en uno
de mis post en los que salgo posando un
modelo. [música]
Le respondo que sí, que yo lo sé, porque
yo tengo espejo y cuando yo me pongo mis
lentes yo veo muy bien. Entonces yo ya
me había dado cuenta antes de que ella
me lo dijera. También le dije que con
Dios mediante se van a seguir cayendo,
porque eso es lo que naturalmente pasa
cuando uno envejece. Y mi deseo es por
lo menos presenciar la graduación de la
universidad de mis futuros nietos.
Después de eso, la persona que me había
escrito el comentario lo borró. Los
buches se caen, los párpados y la papada
también. La boca pierde volumen, la piel
se arruga y etcétera. Y todo eso es
normal si uno está vivo. Es verdad que
alguna gente envejece más bonita que
otra. Por ejemplo, a mí ya la edad se me
va notando y cuando estoy seria en vez
de verme seria me veo quillá. Y claro
que hay formas de cuidarse. Cremas,
protector solar. También hay muchísimas
tecnologías estéticas, como el bótox,
los péptidos, el lifting facial, la
eliminación de ojeras y un larguísimo,
etcétera. Pero no todo el que está
envejeciendo o está envejecido tiene que
utilizar esas tecnologías para no verse
de la edad que tiene. Tampoco todo el
mundo puede porque uno, eso cuesta
dinero y dos, en el caso de las cirugías
plásticas, además de dinero, tú tienes
que tener una excelente salud porque
existe el riesgo de morir en esa
cirugía. Entonces, no es obligado ni
tampoco es señal de descuido. Es que
simplemente el tiempo pasa. Yo quiero
llegar a vieja con salud, papá Dios, por
favor. Aunque mis buches estén en el
piso y otras partes de mi cuerpo
también.
Yo soy médico dermatóloga especializada
en dermatología cosmética y creo en
todos esos procedimientos y me los hago,
pero tenemos
que tener la conciencia
de que no tenemos que cambiarnos.
La verdadera evolución no está en
cambiar la piel,
sino en cambiar la forma en que nosotros
mismos nos miramos.
La perfección no existe.
Hay filtros,
pero hay poros.
Y los poros son tan reales como la vida
misma. Hay asimetrías.
Igual son reales.
La violencia estética
no es lo que vemos
frente al espejo.
El daño está
en hacernos creer
que nunca somos suficientes.
Muchas gracias.

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